La
incidencia política,
conocida en inglés
como advocacy y
en otros términos
como defensa y promoción,
es en su definición
más básica
«un conjunto
de acciones dirigidas
a quienes toman
decisiones en apoyo
a una causa política
específica».
(1)
La
incidencia política
apela al establecimiento
de un diálogo
de alto nivel -en
lo posible- con
aquellas personas
encargadas tanto
de la formulación,
aprobación
e implementación
de políticas
públicas,
así como
de planes, programas
y servicios relacionados,
en nuestro caso,
con el VIH, el sida
y las infecciones
de transmisión
sexual.
La incidencia política
permite a las organizaciones
y redes impulsar
acciones y campañas
centradas en la
formulación,
planteamiento, reformulación
de políticas,
planes, programas
y servicios sobre
las necesidades
planteadas por las
comunidades y áreas
temáticas
por quien cada grupo,
organización
o red trabaja, en
procura de que dichas
demandas o necesidades
sean satisfechas,
y para que contribuyan
eficientemente al
mejoramiento de
la salud, la calidad
de vida, la defensa
y promoción
de los derechos
humanos y en la
movilización
adecuada de los
recursos que aseguren
la aplicación
sostenible de dichas
políticas.
Avances
y desafíos
regionales
En los últimos
años, en
América Latina
y el Caribe, la
incidencia política
ha sido una de las
principales estrategias
de movilización
comunitaria en torno
al VIH y sida, y
a otros temas sensibles
como el reconocimiento
de los derechos
de las comunidades
de gays, lesbianas,
bisexuales y transgéneros
(GLBT), de las y
los trabajadores
sexuales, sobre
la situación
de las y los usuarios
de drogas y, de
manera fundamental,
en torno a la movilización
para la mayor participación
de las personas
que viven con VIH
y sida (PVVS) en
espacios de toma
de decisión
política,
sobre acceso a tratamientos
antiretrovirales
(ARV) y a servicios
de atención
en salud.
Existe una diversidad
de resultados obtenidos
producto de las
campañas
nacionales como
regionales de incidencia
política.
Destacan:
-
La formulación
de políticas
públicas
en torno al VIH
y sida.
-
Programas de acceso
a tratamiento
con ARV.
-
Mejoramiento -aunque
persiste el déficit
en el cambio de
comportamiento
del personal de
la salud- en la
atención
no discriminatoria
a las PVVS.
-
Legislación
sobre la no discriminación
por la orientación
sexual en varios
países
de la región.
-
El derecho de
asociación
de los grupos
GLBT y de trabajadoras
sexuales.
-
El llamado a la
atención
internacional
hacia la región
latinoamericana
y caribeña,
de manera particular
hacia América
del Sur donde
no se considera
la relevancia
de la epidemia
por la «supuesta»
baja seroprevalencia
del VIH en algunos
de sus países.
Otro
aspecto fundamental
a considerar es
el fortalecimiento
de la articulación
como sociedad civil
organizada (SCO)
en cada uno de los
países, siendo
reconocidas como
interlocutores de
peso frente a los
gobiernos locales
y nacionales como
partes fundamentales
de la respuesta
frente al VIH y
el sida.
En el contexto regional,
lo constituye la
articulación
de las siete Redes
Regionales Comunitarias
con trabajo en VIH/sida
de América
Latina y el Caribe
(2),
que han conformado
una plataforma regional
para su trabajo
en incidencia política
interconectando
sus agendas y definiendo
temas comunes de
apoyo inter-redes
en cada una de sus
campañas
temáticas
de incidencia política
a nivel regional
e internacional.
Si bien podemos
considerar que en
la región
se han dado pasos
importantes gracias
a la incidencia
política,
aún existe
un largo trecho
por recorrer con
relación
a la participación
ciudadana en los
distintos espacios
de toma de decisión,
donde persiste la
resistencia de las
instituciones públicas
a mantener espacios
de diálogo
abiertos y francos
basados en el reconocimiento
de las potencialidades
técnico-políticas
de la SCO, y por
las relaciones de
poder como entidades
burocráticas.
La poca importancia
que aún muchos
de los gobiernos
de la región
le dan al VIH y
sida como epidemia
y a las distintas
problemáticas
que ésta
les plantea, exigen
soluciones urgentes
basadas en políticas
de Estado serias
y comprometidas
que reduzcan el
estigma y la discriminación;
mejora en los servicios,
amplíen la
cobertura de ARV
y garanticen la
inversión
necesaria para disminuir
el impacto y el
daño social
que la epidemia
está generando
al desarrollo de
cada país
y de la región.

[Tomado
de Guía de
Incidencia Política
en VIH y sida. Hombres
gay y otros HSH.
ASICAL y Proyecto
Policy. Washington
DC. 2003]
Agenda para
la incidencia
Estructuralmente
la agenda para la
incidencia política
en la región
plantea algunos
retos a considerar:
-
En primer lugar,
a nivel internacional,
la visibilización
de la epidemia
a través
de análisis
epidemiológicos
que valoren y
evidencien las
distintas epidemias
del VIH y en dónde
se encuentra concentrada
(las poblaciones
verdaderamente
afectadas), y
que responda a
la realidad de
la región
y no a «supuestos
paralelos o realidades
de otras regiones
del mundo»,
de tal manera
que se le quite
«el estigma
político
basado en el silencio»
que le han dado
los gobiernos
de la región
a la epidemia.
-
En segundo lugar,
en términos
de inversión,
sobre la asignación
de recursos tanto
financieros como
técnicos
suficientes que
sirvan también
como contrapartidas
a las inversiones
internacionales
(cooperación
internacional,
Fondo Global,
entre otros);
el mejoramiento
de los servicios
existentes, ampliación
de cobertura de
tratamiento, reducción
del estigma y
la discriminación
desde la mirada
de la diversidad
social y sexual,
sostenibilidad
de programas y
servicios; todo
lo anterior, bajo
el paraguas de
políticas
de Estado sobre
VIH y sida, que
transciendan las
crisis de gobernabilidad
y otros embates
temporarios, y
que respondan
a los compromisos
adquiridos como
países
a nivel internacional
en materia del
VIH y sida y derechos
humanos.
Ahora, uno de los
aspectos clave de
la incidencia política
es que, empero lo
logrado, cada objetivo
alcanzado es el
inicio de otro proceso
de incidencia política,
para asegurar que
las políticas
alcanzadas cumplan
con sus fines propuestos.
Retos
para la sociedad
civil
Para
las organizaciones
trabajar en incidencia
política
les implica traducir
e interpretar fielmente
la información
proveída
por cada una de
las poblaciones
con las que trabajan
y que son afectadas
por las políticas,
programas y servicios,
de tal manera que
sean ellas las que
garanticen la credibilidad
y confiabilidad
de la organización
ante los tomadores
de decisión
y ante sus mismas
comunidades.
Pero además,
el trabajo de incidencia
política
exige el desarrollo
de capacidades y
destrezas de comunicación
para la negociación,
la rendición
de cuentas, como
también,
de la capacidad
que cada organización
tenga para relacionarse,
compartir información,
movilizar a otros
actores sociales
y compartir los
resultados alcanzados,
a través
de un trabajo en
coordinación
o en red, requisito
si ne qua non para
el trabajo de incidencia
política,
pero también,
como alter ego ante
los tomadores de
decisión
y aliados en su
causa o campaña
de incidencia política.
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